La energía de la escucha para el fin de la violencia escolar

A mediados de 2017 tuve la oportunidad de conocer a Marisela Gomez, cofundadora de  Baltimore and Beyond Mindfulness Community (Comunidad de Atención Plena de Baltimore y Más Allá, BBMC por sus siglas en inglés). La organización se dedica a ayudar a personas de origen latino, afro-americano, y otros orígenes étnicos, así como a activistas sociales en Baltimore y otros lugares de los Estados Unidos a sanar el sufrimiento que han vivido como resultado de la opresión racial. BBMC ofrece a sus participantes prácticas de meditación secular en comunidad, las cuales se basan en el legado de dos de los líderes espirituales y sociales más inspiradores de los tiempos modernos, el maestro Zen Thich Naht Hanh y el activista de los derechos civiles Martin Luther King, Jr. Además de tomar parte en la meditación, los participantes aprenden que la opresión se manifiesta cuando la gente internaliza el miedo y la intolerancia, y que en realidad todos hemos sido víctimas y victimarios de actos de opresión en algún momento u otro.

La opresión y violencia que ocurren en la escuela

Las tensiones y opresión que prevalecen en la sociedad permean también nuestros espacios de aprendizaje. El sistema escolar es un microcosmos de la sociedad en general y pone las condiciones para que muchos estudiantes y maestros vivan y perpetren actos de violencia. En México, mientras los maestros que luchan por sus derechos laborales sufren a menudo de brutal represión, el bullying en las aulas va en escalada, a pesar de los intentos por mantener a las escuelas “libres de bullying”. Hasta el momento, estos intentos se han quedado al nivel de políticas con poca implementación.

En este punto es importante reconocer que la violencia escolar no ocurre sólo mediante la agresión física y verbal, es también simbólica y estructural. El sistema de evaluación de maestros de recién imposición, aunque se supone que debe garantizar una educación de calidad, en realidad elimina la seguridad laboral de los maestros. Otra forma de violencia en contra de los maestros, menos abierta pero igual de perniciosa, es la distribución de “guías” con instrucciones paso a paso para seguir en el aula. Éstas van en detrimento de la creatividad de los maestros, y transmiten el mensaje de que, por sus propios medios, los maestros no serían capaces de mejorar la calidad de la educación que brindan.

¿Qué consecuencias tienen estas condiciones para los estudiantes? Aunque su aprendizaje es la razón de ser de las escuelas, acaba por quedar atropellado por el requisito de asegurar lo mismo para todos – la misma atención diluida por parte del maestro, la misma condena a permanecer en el anonimato, la misma ausencia de voz respecto de qué y cómo aprender. Por las imposiciones que cargan a cuestas, los maestros son incapaces de atender las necesidades e intereses únicos de cada estudiante. Así se perpetúa la cultura escolar en la que reinan la simulación de que se pone atención, la impersonalidad de la relación entre maestros y estudiantes, y la irrelevancia de la escuela para las demás esferas de la vida real.

Redes de Tutoría: nuevas reglas para el juego escolar

Alrededor del mundo, muchas innovaciones educativas enfatizan la necesidad de transformar el ambiente escolar para que el bienestar social y el aprendizaje de calidad puedan florecer en él. Redes de Tutoría, una de estas innovaciones, brinda a los estudiantes una oportunidad rara en el sistema tradicional: la oportunidad de ser escuchados, de forma individual, por un tutor que domina un tema que al estudiante le interesa.

La idea detrás de la tutoría es que los estudiantes vienen a la escuela con temas de interés para aprender, y que el papel del maestro es identificarlos y nutrirlos. La tutoría comienza con la pregunta: “Qué quieres aprender?”, que de entrada resulta sorpresiva para el estudiante. Pero con el tiempo, éste reconoce que la libertad de elección es un requisito para ejercer agencia personal y tomar control de su proceso de aprendizaje.

Los tutores – que pueden ser maestros o estudiantes – se forman para plantear a sus tutorados preguntas abiertas como: “qué crees que pasaría si…?”, “crees que haya otra forma de hacer X?”, “te gustaría investigar X o Y?” Este tipo de indagación permite a los estudiantes volverse conscientes de lo que ya saben y extender su conocimiento de forma natural y autónoma: “Creo que tengo que redefinir mi concepto de X, porque…”,  “yo pensaba que Y, pero ahora me doy cuenta de que…”. Esto permite a los estudiantes ver el aprendizaje como el producto de su propio esfuerzo y de la interacción con el tutor. El efecto acumulado de vivir este tipo de interacción una y otra vez es que los estudiantes recuperan la seguridad en su capacidad de aprender y expresarse libremente dentro y fuera del salón de clases.

Para los maestros, el trabajo en tutoría es también reivindicador. Apoyados por prmotorores de Redes de Tutoría – que bien pueden ser otros colegas maestros o incluso estudiantes – los maestros son capaces de identificar sus fortalezas y debilidades académicas, y se dan cuenta de que los únicos temas que pueden enseñar con gozo y seguridad son aquellos que en verdad dominan. Los maestros aprenden también a identificar las batallas y logros de aprendizaje de sus estudiantes, y a seguir su paso personal. Con estas nuevas habilidades profesionales, los maestros comienzan a ejercer una nueva autonomía profesional en áreas como la organización del contenido, la dinámica de clase, e incluso el sistema de evaluación.

La energía de la escucha

Cuando le conté a Marisela sobre nuestro trabajo como promotor de tutoría, ella respondió de inmediato que podía imaginar el impacto de la atención personalizada para el aprendizaje de los estudiantes. Ella encontró también un paralelo con su trabajo de ayudar a otros a sanar el dolor de la opresión mediante la oportunidad de ser escuchados. Cuando los participantes de BBMC se reúnen, ellos meditan para traer la mente de vuelta al momento presente, y después hacen una ronda para compartir sus experiencias de gozo y dolor. Mientras una persona habla, los demás lo escuchan con atención, y no se apresuran a responder o dar consejos. Marisela está convencida de que, en cada sesión, los participantes viven una sanación emocional. Dado que el acto de escuchar con atención involucra canalizar nuestra energía de forma consciente, la persona que ha recibido nuestra escucha se siente revitalizada y sanada.

La energía de la escucha es también lo que confiere a la tutoría su “poder sanador”, como lo ha estudiado Meixi Ng, una promotora de Redes de Tutoría en el sudeste asiático que actualmente realiza sus estudios de doctorado en la Universidad de Washington. Ella ha estudiado salones de clase donde se realiza la tutoría y ha concluido que las prácticas propias de la tutoría aumentan en los estudiantes su sentido de pertenencia a la comunidad escolar. Además, cuando un estudiante pasa a ser tutor, se siente empoderado al realizar un papel previamente reservado al maestro. Los estudiantes desarrollan un compromiso mutuo por realizar el mejor trabajo posible como tutores, porque entienden que así impactan a toda la comunidad escolar. Como reporta Meixi, “En el mundo figurado del salón de clases, los estudiantes compartieron un sentido de pertenencia y esto formó la base para una acción colectiva encaminada a mejorar el aprendizaje y la enseñanza en la escuela. Los estudiantes se sintieron tan conectados por la práctica colectiva de la tutoría que nadie quería dejar a nadie atrás.” [1]

El cambio profesional que viven los maestros tampoco sería posible sin la escucha atenta por parte de los promotores de la tutoría. Nancy, una maestra de secundaria en el estado de Chihuahua que usa el modelo de tutoría explica: “[Antes,] no tenía suficiente confianza para decir que necesitaba ayuda, que necesitaba que alguien me explicara o resolviera mis dudas. Tenía miedo de que otros se dieran cuenta de que no sabía algo y creía que me iban a juzgar. Vencí ese miedo cuando alguien me ofreció su ayuda que no era parte del sistema escolar, que no era una autoridad escolar, y que me preguntó lo que necesitaba. Eso me hizo sentir la confianza suficiente para externar mis preguntas.” [2]

Aprendizaje social y académico: logros inseparables en relación tutora

Tanto la tutoría como la meditación secular satisfacen, aunque de modos no ortodoxos, la necesidad de personas oprimidas por el poder institucional, sean gente de color, maestros o estudiantes. Y lo hacen brindando prácticas concretas que permiten realizar lo que las autoridades predican con sus palabras, pero obstaculizan con sus acciones.

En el campo de la educación, existe hoy en día una creciente convicción de que seguir haciendo lo mismo una y otra vez no sólo traerá los mismos resultados académicos, sino que pondrá en riesgo nuestras democracias y nuestro bienestar social. En todo el mundo están surgiendo innovaciones que desafían el status quo y que brindan evidencia de que otra educación es posible. Y todas tienen algo en común: recuperan a propósito el lado humano y social del aprender.

La escucha atenta permite a los estudiantes de tutoría lograr aprendizajes profundos y al mismo tiempo abre la puerta para el respeto y la comprensión interpersonal. En un intercambio académico reciente, una madre de una comunidad rural del Estado de México tuvo la oportunidad de dar y recibir tutoría en temas de educación básica. Durante su demostración pública, cuando le preguntaron qué era lo más importante que había aprendido durante su estudio en tutoría, ella no respondió con ninguno de los temas. En vez de ello, contestó: “he aprendido a escuchar”.

 

Referencias:

[1] Ng, Meixi (2016). Desdibujando los límites entre identidades personales y colectivas. Didac 68 (2016): 27-35, p. 32

[2] Cámara, Gabriel (2007). Otra educación básica es posible. México: Siglo XXI. Pp. 157, 158