Relación Tutora

La relación tutora

Desde la perspectiva de la relación tutora,  los aprendizajes básicos no se enseñan, los va aprendiendo cada persona de manera autónoma y se desenvuelve en sociedad. Reír, confiar, asir, juzgar, caminar, hablar, contar … no se enseñan ni se podrían enseñar, por ser parte de la dotación biológica de todo ser humano. Lo único que se necesita es el entorno de afecto y cuidado, de respeto a la particularidad, que alienta el ejercicio de la libertad y ofrece variedad de situaciones…

Relaciones interpersonales en las que el tutor domina el tema y el aprendiz tiene interés por aprenderlo; entre ambos se establece una relación que sustenta un intercambio que no es sólo verbal sino interior, que transforma y enriquece a las personas que lo viven; la relación tutora.

Aspectos que definen la relación tutora

“Enfrentar un desafío intelectual”

En la relación tutora actúan necesariamente dos condiciones que aseguran calidad en los aprendizajes: enfrentar un desafío intelectual y activar las facultades de que dispone la persona.
El encuentro cara a cara descarta la simulación, el tedio o el desperdicio porque transparenta lo que uno sabe y otro está interesado en aprender. La realidad del encuentro sustenta un intercambio que no es sólo verbal sino interior, que transforma y enriquece a las personas que lo viven.

El hecho de ser un convenio personal asegura que la tarea se hace por el valor que le dan los contrayentes, no por venir impuesta como parte de un proceso externo o como requisito institucional.

“Equidad del servicio”

La equidad del servicio que el tutor-maestro ofrece al aprendiz-alumno es la mayor que se puede alcanzar en un salón de clase, porque es personal, adecuada a la situación particular de cada uno, con el compromiso de ayudarlo a lograr efectivamente lo que le interesa.

“Un cambio interior que sorprende por inesperado”

Un cambio interior que sorprende por inesperado es la nueva seguridad con la que quien aprende con interés expone y da razón de lo aprendido. Parte es satisfacción por el logro y parte es conciencia del poder personal con el que se puede seguir aprendiendo. El aprendiz descubre o confirma que su juicio es el que finalmente avalará la verdad, la bondad o la belleza de lo que observa y estudia.

“Nadie aprende algo tan bien como cuando lo enseña”

Nadie aprende algo tan bien como cuando lo enseña, porque recrea, adapta, profundiza y así enriquece lo que sabe. Pero, además, aprender en diálogo, a pesar de originarse en el deseo de superar un desnivel cognoscitivo, es multidireccional, por la complejidad de lo que se aprende, por el acervo personal de quienes dialogan y por la creatividad de un intercambio humano.

“La oportunidad de enseñar”

La oportunidad de enseñar por ser ocasión suprema de aprender. Al esbozar su teoría general de la educación, Hawkins afirma que la lógica del proceso concluye cuando “el aprendizaje pasa a ser una especie de profesión y por lo mismo se adquiere la capacidad de enseñar”. La vida de la razón, como la llama Emmanuel Kant, es el poder del “juicio reflectivo” que “busca ordenar y organizar la realidad sin referentes seguros que lo guíen”. Ésta es justo la maestría de quien aprendió a aprender y lo enseña creativamente a otros. Aquí se sustenta la propuesta que la educación básica debería dar a todos la oportunidad de enseñar por ser ocasión suprema de aprender.

“Dos vertientes de profesionalización”

Dos vertientes de profesionalización docente” text=”Dos vertientes de profesionalización docente descubre la relación tutora: conocer en profundidad y amplitud lo que se ofrece y perfeccionar el arte de leer el interior del aprendiz para seguir el modo particular con el que procede.

La relación tutora enseña que el liderazgo en educación es de saber y servicio, no de posición jerárquica, porque el aprendiz pasa a ser tutor y el tutor aprendiz alternadamente.