Festivales de Aprendizaje en Chile: celebrando el aprender a aprender

La cancha de básquetbol del liceo Juan Schleyer estaba decorada con globos y banderines de todos los colores. En las paredes, pizarrones con los nombres de los doce liceos que acudirían al encuentro. Sobre las mesas repartidas por toda la cancha, una variedad de refrescos, sándwiches y frutos secos. Decenas de estudiantes comenzaron a registrarse en la entrada de la cancha, dirigiéndose después a los distintos grupos a los que se les había asignado. Este gran evento no se trataba de una actividad deportiva, de una competencia interescolar ni de una fiesta de graduación. Se trataba de un encuentro único en su tipo que lo que se celebra es el aprender a aprender: el Megafestival de Aprendizaje.

Educación 2020, organización chilena que aboga por una educación gratuita y de calidad, adoptó en el 2015 el modelo de Redes de Tutoría para comenzar a implementarlo en la región de la Araucanía. La red se adoptó en 12 liceos de la Araucanía y en 7 en la región de Santiago. En noviembre del 2017, ambas regiones dieron el cierre de ciclo festejando nada más y nada menos que a través de la relación tutora con dos Festivales de Aprendizaje, al cual invitaron a los maestros mexicanos de Redes de Tutoría, quienes hace dos años ayudaron a iniciar la red en Chile.

En ambos festivales, tanto en el de Santiago como el de la Araucanía, hubieron alrededor de 200 participantes en cada uno. Alumnos, maestros, padres y madres de familia, donadores y autoridades educativas que no se limitaban por rango de edad para definir quién sería el tutor y quién el tutorado. Mientras que un niño de once años tutoraba “El viaje de las neuronas” a un hombre de sesenta, otra de trece tutoraba a un padre de familia un problema de matemáticas. En el Festival de Aprendizaje de Santiago, los tutores y aprendices se desplegaron por todo el Museo de la Educación, en donde se llevó a cabo el evento. El patio central, las escaleras, los pasillos y cada esquina del edificio se volvieron rincones de aprendizaje, enseñándonos que no importa el lugar, pues cualquier espacio puede ser idóneo para el aprendizaje cuando las personas se apropian de él.

El logro de la relación tutora se comprueba cuando los mismos estudiantes celebran con emoción y entusiasmo el poder ser tutores y aprendices unos de otros. Uno de los tutores cumplió once años ese mismo día, y para él, el festival de aprendizaje fue la mejor manera de celebrarlo: “Hoy es mi cumpleaños, y además voy a tutorar. ¡Es como un regalo!”. Como él, decenas de niños acudieron entusiasmados por compartir conocimiento unos con otros, tutorando a personas mucho mayores que ellos mismos.

El Festival de Aprendizaje fue un baño de esperanza para todos aquellos que se han desencantado con el estado de la educación. Nos recordó que somos seres ávidos por compartir y generar conocimiento, que tenemos la capacidad de aprender en comunidad, y que la tutoría atraviesa los límites artificiales de edad, de espacio y de tiempo. El interés por el conocimiento es contagioso, y en el Festival de Aprendizaje acabamos todos impregnados de esta alegría por aprender.

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